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Se intuía la relación entre el magnetismo y la electricidad,
por los fenómenos similares que comparten, como, polaridad, inducción,
atracciones y repulsiones, pero era difícil comprobarlo, porque
los fenómenos de alta tensión de la electricidad estática,
disimulaban los posibles efectos magnéticos (que confirmarían
dicha relación). Investigando con la electro-química correspondió
a Hans Christian Oersted (1777-1851) la confirmación de esta hipótesis,
a través, de su famoso experimento, consistente, en la observación
de, cómo se desvía una aguja imantada, colocada paralela
y junto a un conductor, cuando se hace circular por él una corriente
eléctrica. En el espacio a continuación dedicado a este
investigador intentaremos despejar algunas cuestiones que se interpretan
incorrectamente:
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2ª
forma
Este segundo experimento es
igual en todo el anterior, pero sustituyendo el puente y conductor uní-filiar
por una bobina al aire, colocando la brújula en el centro de la
bobina, conseguimos aumentar el campo magnético, y los efectos
son más visibles. "Schweigger" con un experimento parecido
descubrió el "multiplicador" conducente a los aparatos
de medida, lo que nos demuestra que los avances siguen un camino preparado
y basado en las investigaciones precedentes. |
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Si
retrocedemos al tiempo, de aquel contexto, veremos a los investigadores
manipulando innumerables veces, tanto la barra frotada como los imanes,
la brújula y los conductores, con el afán de descubrir alguna
relación entre magnetismo y electricidad. Los fenómenos
de la electricidad estática, tenían analogía con
los producidos por el magnetismo, pero no se había podido hallar
una interacción entre ambas energías, o sea, que la electricidad
produjera magnetismo o el magnetismo electricidad.
La transmisión por conductores era un punto en común entre
las dos electricidades (estática y dinámica), pero había
que encontrar efectos magnéticos en la nueva electricidad, con
la esperanza de que fuera el nexo de unión entre magnetismo y electricidad.
Cuando Oersted observo que la brújula se movía al circular
una corriente por un conductor próximo a ella, no le fue fácil
interpretarlo, ¿podía ser este movimiento por la misma electricidad,
y no por el magnetismo?, porque la electricidad también mueve la
brújula cuando se le aproxima una carga estática, por ejemplo,
la de una barra frotada.
Por este motivo tampoco hoy día podemos decir, está claro,
que, en el experimento de Oersted, la aguja imantada se mueve reaccionando
a fenómenos magnéticos.
La solución vino de la observación, la brújula se
comporta de diferente manera, ante un campo de electricidad estática,
que ante un imán; puesto que cuando aproximamos la barra electrizada
a la brújula, la atrae, sin diferenciar los polos magnéticos
de dicha brújula (lo mismo por el polo norte que por el sur que
por el centro), a diferencia de lo que sucede cuando se le aproxima un
imán, este atrae a la brújula, orientándola en sentido
inverso de sus respectivas polaridades y al invertir el imán, la
brújula gira 180º, ofreciendo el otro polo.
La brújula en el experimento de Oersted responde a este último
criterio, se orienta como influenciada por un campo magnético que
se ha creado, y si invertimos los polos de la fuente de alimentación,
al cambiar con ello el sentido del campo magnético la brújula
gira 180º, quedaba claro por primera vez la relación entre
magnetismo y electricidad
Posteriormente, se buscó una respuesta de inducción eléctrica
por el magnetismo, creyendo en la reversibilidad del experimento de Oersted
y con la esperanza de producir electricidad por el magnetismo, tampoco
fue fácil, ya que cuando aquellos precursores del conocimiento
actual aproximaban un imán a un conductor, la insignificante electricidad
que se inducía era inconmensurable. La solución fue aumentar
la cantidad de conductor que iba a ser influido por el campo magnético,
empleando bobinas, para que los efectos fueran apreciables. Por ello se
llamó multiplicadores a las primeras bobinas diseñadas con
tal objeto.
Lo expuesto, hace comprensible, que el primer resultado positivo de inducción
por magnetismo que obtuvo Faraday, no fuese con un imán sino con
un electroimán o multiplicador.
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